Aguascalientes

¿Inseguridad creciente? / Agenda urbana

Cuantos estados del país están teniendo un crecimiento desmedido el cual genera problemáticas sociales, este es el caso de Aguascalientes… ¿Y de cuantos más?

Si bien es cierto que en México hay desde hace años un serio problema de precisión sobre las cifras de la inseguridad, parece que en los últimos meses en Aguascalientes ha aumentado o por lo menos esa es la percepción que circula. Constantemente se habla de robos, asaltos, cristalazos y hasta tiroteos en distintas partes de la ciudad. Nuestras autoridades no han sabido resolver ni explicar lo que realmente está pasando, y se limitan a repartir culpas y evadir responsabilidades, especialmente la alcaldesa de Aguascalientes que ha tenido la ocurrencia ahora de pretender culpar a los “paracaidistas” de la inseguridad que se vive.

En lugar de evadir el tema, se debería reconocer que más allá de la violencia e inseguridad generada por la delincuencia, organizada o no, en las ciudades suelen haber causas de fondo de las que poco se habla como la segregación económica, social y espacial entre la población, y que como resultado produce ciudades excluyentes y divididas. Es decir, la inseguridad también se asocia a un modelo de ciudad en el cual la inversión pública y las oportunidades se distribuyen de manera inequitativa, acentuando las disparidades entre la población y fomentando el aislamiento social en distintas modalidades. Estas dinámicas tienden a fragmentar las ciudades y a crear ambientes proclives a la violencia y la delincuencia.

Aguascalientes no está exenta de ese fenómeno que afecta sobre todo a la población de menores recursos. Este modelo se caracteriza por concentrar las oportunidades comerciales, laborales, recreativas, educativas y de servicios en lugares céntricos o en áreas más accesibles para la población de mayores ingresos; mientras las opciones de vivienda para los estratos socio-económicos más bajos tienden a ser relegadas a la periferia o concentradas en áreas poco accesibles y desatendidas. Esta última situación predomina principalmente en el oriente de la ciudad, en donde habitan casi dos terceras partes de la población de la capital; ahí, los servicios son deficientes, el transporte público inaccesible, la oferta de empleos insuficiente, la actividad comercial reducida, y el espacio público de mala calidad. En otras palabras, las oportunidades son para pocos.

Así pues, un debate serio acerca de la seguridad en Aguascalientes debería también cuestionar esta lógica territorial, y enfocarse en fortalecer y favorecer aquellas partes de la ciudad históricamente relegadas. Se trata de impulsar un nuevo modelo urbano que permita crear sinergias y un mayor equilibrio de las oportunidades en la ciudad, y con ello minimizar la exclusión. La planificación urbana puede ser un mecanismo eficaz para avanzar hacia este objetivo. Por ejemplo, en zonas de mayor inseguridad y rezago, se pueden promover proyectos urbanos que diversifiquen y mejoren la oferta de servicios, espacios públicos y actividades comerciales para así devolver a la gente a las calles y fomentar la vida al exterior de día y noche. Igualmente, a través de la planificación urbana, se deberían integrar y conectar colonias y barrios de diversos niveles socio-económicos mediante una distribución más equitativa de la inversión en infraestructura peatonal y ciclista, y, por supuesto, en transporte público. En otras palabras, se trata de promover la integración territorial, es decir, crear redes, vínculos y relaciones que trasciendan colonias individuales, y con ello romper las barreras que actualmente limitan a la ciudad.

Se podría dar prioridad a proyectos de menor escala y bajo costo, pero de alto impacto y valor agregado, y que sean viables; por ejemplo, proyectos de infraestructura ciclista, parques y espacios recreativos de calidad o estrategias que promuevan la actividad comercial. Los proyectos de pequeña escala además tienen menos probabilidades de desplazar a la población y usualmente generan menos oposición ciudadana. Estas inversiones deberían tener una presencia visible del Estado y una sólida legitimidad, pues precisamente la ausencia de ésta en la planificación y dotación de servicios e infraestructura en distintas partes de la ciudad genera división y exclusión.

Por último, la sostenibilidad de una estrategia de este tipo implica delegar a los ciudadanos una mayor responsabilidad en la gestión, evaluación y toma de decisiones sobre las condiciones urbanas de su comunidad. Los programas enfocados en el cuidado y la gestión de los espacios públicos u otras infraestructuras, por ejemplo, pueden contribuir a mantener conexiones sólidas dentro de la propia comunidad y con las autoridades. En conclusión, si se pretende crear un ambiente seguro y de paz en Aguascalientes, nuestras autoridades deberían ver más allá de estrategias policíacas y militares, y pensar en las causas de fondo como la segregación y la exclusión.

(La Jornada)

 

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