Porque Reformar el Código Urbano para el Estado de Querétaro

Por Gabriel Ballesteros Martínez
Nuestra legislación urbana es quizá el cuerpo normativo de mayor impacto en la vida cotidiana de los queretanos. La interacción que tenemos todos con esta compilación de normas es extraordinariamente intensa. En el Código Urbano están las bases para la operación de los organismos que nos proveen el agua por ejemplo; se definen las herramientas jurídicas para la ubicación de escuelas, hospitales, mercados; para la dimensión y equipamiento de áreas verdes y espacios recreativos; asimismo en esta ley se regula como deben edificarse los centros comerciales, los fraccionamientos industriales, la provisión de estacionamientos; como habrá de ser su casa y la mía, es decir la Ciudad. Hacerla es un tema de orden, un asunto público.
El Código Urbano para el Estado de Querétaro tiene 17 años de vigencia, lo cual es mucho tiempo para cualquier ley, en especial para aquella que sirve de manera instrumental siendo el sustento de la convivencia humana en la urbe. La composición social ha cambiado radicalmente. Nuestras ciudades están creciendo sin control. La zona metropolitana de la capital ha crecido casi 4 veces en población y más de 10 en superficie durante esos mismos años; el reto de reformar el Código implica varios objetivos: entrelazar los gobiernos municipales y el estatal en la toma de decisiones; cuidar la metrópoli y preparar las ciudades medias del estado para su desarrollo pleno, sin repetir errores; equilibrar el interés público con la legítima iniciativa privada.
Aunado a lo anterior, tenemos también el reto de contener la especulación del suelo como negocio simple y al mismo tiempo replantear el modelo de crecimiento con una visión de desarrollo sustentable, entrelazada con un mucho mejor servicio público de transporte; el que hoy tenemos, sin exagerar, podría ser de los más ineficientes del planeta.
¿Cuál es el encanto de nuestro Centro Histórico que no hemos logrado replicar en el resto de la ciudad?, ¿porqué sentimos riesgo en las banquetas?, ¿quién debe encargarse de construir y mantener el espacio público, nuestras plazas y parques?; ¿cómo se está decidiendo si un suelo deberá dejar de ser agrícola o verde y se vuelve habitacional o comercial?, ¿qué tan alta debe ser la Ciudad, y qué tan extensa?
A nivel federal, antes y desde el inicio de la alternancia, se han producido leyes ambientales muy severas, coincidentes con una nueva visión de nuestra relación con la naturaleza; se han dado cambios elementales a la Constitución que han reorganizado el poder de decisión sobre el suelo y que procuran redimensionar la importancia de cuidar nuestros recursos, particularmente el agua. La otra realidad, es que durante este periodo en Querétaro hemos impulsado con debilidad cambios a nuestra legislación urbana, pues siempre evaluamos el tema como algo “muy complejo”; cinco intentos legislativos han abortado por diversas causas, algunas con una buena dosis de sospecha. En contraste, hemos crecido y crecido hasta quebrantar la calidad de vida provinciana de la que estuvimos orgullosos. Porque?… pareciera que en la conciencia colectiva se ha creado un fantasma que vuelve amenazante a la “reforma”. Lo curioso, es que todos los que tienen que ver con esta Ley quieren que se reforme ya… paradójico. No?
Amigo lector, en este naciente blog, analizaremos los temas de la Ciudad, procurando siempre un punto de vista honesto, reflexivo y objetivo que, basado en la teoría del nuevo urbanismo, busque siempre aportar ideas al debate que significa ser ciudadano. “Hacer Ciudad” llevará por nombre y espero se convierta en un diálogo estupendo y efectivo.
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