¿Que nos ofrecen sus señorías?

Por MNU y Lic. Gabriel Ballesteros Martínez

Tenemos varias iniciativas de ley en materia de urbanismo que no salen del Congreso por falta de acuerdos. Llevamos –con el que corre– seis intentos para configurar un proyecto de Código Urbano que pase la prueba del ácido. Hay cerca de media docena de iniciativas sobre transporte público pendientes de dictamen; hay un instituto de planeación territorial en ciernes. Tenemos varios ajustes pendientes a nuestra legislación ambiental ¿porqué pareciera que esto no urge?…

Un rasgo de la alternancia democrática mexicana es la feroz continuidad electoral. Siempre estamos en campaña. Y es que pareciera no haber tregua; puntuales al funcionamiento del calendario electoral “foxilógico” o “post-velázquezino” si se prefiere, en este país nuestro resulta muy difusa la línea entre el político en campaña y el legislador o el gobernante en ejercicio del poder. La lógica de todos es moverse para salir en la foto. Unos declaran hacia el futuro otros se distraen en el presente. Lo cierto es que esta actitud egoísta desdibuja cualquier proyecto de gobierno y ni que decir de una agenda legislativa, si es que en realidad existe una.
Teóricamente, los movimientos verticales, laterales o a veces al vacio de los políticos no tendrían por qué afectar la marcha de las instituciones; sin embargo, en nuestro febril balance así sucede. El conflicto de los consejeros electorales ha establecido una pausa en la agenda institucional del Poder Legislativo. Si bien es entendible que la salida y llegada del nuevo titular de la política interior en el Ejecutivo ha pospuesto la continuidad de la agenda parlamentaria, las actividades deben reenfocarse a la brevedad. Por si todo este ambiente parlamentario no fuera suficiente, todavía falta que los proyectos convenzan a otros actores sociales y particularmente al capital.
Si es que había un avance real en el cabildeo, que este columnista franca y respetuosamente lo duda, el proyecto de reforma a nuestra legislación urbanística y el proyecto de iniciativa para crear una entidad estatal de planeación, se encuentran hoy en espera del reacomodo entre sus señorías los diputados, y por consecuencia obligada, en espera también del ajuste tanto en el PAN como en el PRI. ¿Cuánto tiempo va a tomar este reacomodo?, ¿nos alcanzará el 2012?… Dice una voz popular, terrible por cierto, que “en palacio, las cosas van despacio”.
En Querétaro siempre nos habíamos distinguido por tener una legislación de vanguardia en muchos temas; tuvimos en su momento, la primera compilación en materia urbana del país (1992), sin embargo llevamos tanto tiempo renovándola que ya se cae a pedazos. Nuestra realidad es que hoy el sistema legal queretano (no solo en lo urbanístico) está revuelto entre normas parchadas, nuevas leyes descuadradas empezando por la Constitución y muchas, muchas iniciativas sin dictaminar; unas por descabelladas, otras paradas por riesgosas; otras cuantas congeladas por ser –desafortunadamente para algunos– muy oportunas.

Ya se fue la mitad del tiempo y otra vez parece que nos alcanzarán las elecciones. Para la continuidad de un Plan de Desarrollo, no hay rumores ni grillas de suficiente peso; debe haber definiciones de partido y actos efectivos de gobierno, pues a los ciudadanos nos disgusta que el reloj electoral subyugue la actividad del Estado. Estamos asfixiados en la condición bananera del subdesarrollo institucional, los electores queremos resultados más allá de acusaciones, pretextos y simpáticas declaraciones. Si se dio fin al “Cerillo” pues que venga el encendedor, la antorcha o la bengala, nadie es indispensable. Lo que no se puede permitir es que viva trémula la llama legislativa.

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