Forópolis Capítulo Querétaro: Ciudad formal y ciudad informal

Por: ITESM Campus Querétaro

Stefania Biondi

sbiondi@itesm.mx

El crecimiento de la ciudad y la zona metropolitana de Querétaro durante las últimas dos décadas ha sido constante y exponencial; no es necesario recordar aquí los alarmantes datos, conocidos por todos, sobre el aumento de la población, la expansión de la mancha urbana y la disminución de las densidades de habitantes y de viviendas por unidad de territorio.

Frente a esta situación objetiva, pueden haber diversas interpretaciones: de tipo optimista –como las que presentan Querétaro como una de las mejores ciudades del país en cuanto a calidad de vida- o bien alarmistas, como las que señalan la insostenibilidad de este tipo de crecimiento y denuncian los numerosos problemas a los que se enfrentan cotidianamente los ciudadanos. Igualmente hay vivencias y lecturas diversas desde las cuales cada ciudadano o grupo de ciudadanos puede juzgar la calidad de vida de la que gozan en Querétaro y, a partir de aquí, solicitar políticas públicas que cambien y mejoren la ciudad actual y las condiciones de vida de sus habitantes.

Una posible lectura del crecimiento de Querétaro es la que confronta la ciudad formal con la ciudad informal, bajo un lente que permite enfocar fenómenos urbanos y sociales no exclusivos de nuestra ciudad, si no comunes a una realidad más amplia por lo menos latinoamericana, como lo prueban numerosos estudios de reciente publicación. La lectura que contrapone la formalidad a la informalidad urbana permite, a su vez, enfocar otros dos aspectos del urbanismo, vinculados entre ellos: el de la morfología urbana y el del derecho a la ciudad.

Ciudad formal Centro Histórico de Querétaro.

Entendemos por “ciudad formal” a la que se ha producido en el tiempo al amparo de las normativas, los instrumentos de planeación y las leyes del mercado. La ciudad formal incluye al centro histórico y los barrios tradicionales, a los asentamientos legales de carácter residencial y de interés social, a los fraccionamientos y a los condominios. Cada una de estas partes de la ciudad formal tiene características diversas, mostrando una importante complejidad interior; sin embargo, cabe enfatizar que la ciudad formal de reciente producción se caracteriza por una monótona repetitividad tipológica y por su monofuncionalidad.

Ciudad formal de reciente construcción

Por su lado, la “ciudad informal” es la que se ha producido afuera o al margen de la legalidad, a través de procesos de producción social de la vivienda y del hábitat. Este tipo de ciudad empieza por ocupaciones ilegales del suelo y se consolida a través de procesos de regularización .

Cómo valorar y qué hacer con esta ciudad es un tema muy controvertido; sin embargo, más allá de las diversas posturas, la ciudad informal es la manifestación de las desigualdades existentes en las ciudades y responde a la demanda de vivienda de los grupos vulnerables a los que el mercado y las instituciones no dan una respuesta adecuada. Para sustentar esta afirmación es suficiente consultar cualquiera de los profusos informes de Naciones Unidas sobre el derecho a la vivienda.

Ciudad informal en proceso de consolidación

Más allá de satanizar como un mal urbano a la ciudad informal, si analizamos su morfología urbana y su funcionamiento, podemos descubrir que ofrece soluciones espaciales morfo-tipológicas propias de la ciudad tradicional e histórica: el trazado de las calles, la forma y dimensiones de las manzanas, la tipología de la construcción y de ocupación de los lotes tienen características cuali-cuantitativas análogas a la del centro histórico o de un barrio tradicional. Las analogías van más allá de los aspectos espaciales y se extienden a los sociales en el momento en que observamos el funcionamiento de la ciudad de origen informal: el uso mixto de vivienda y comercio que se da espontáneamente, la presencia de equipamientos básicos y de espacios comunitarios, la existencia de actividades productivas artesanales y de servicio (en oposición al uso exclusivamente residencial de la moderna ciudad formal, a su lejanía y difícil accesibilidad) hacen que la ciudad informal consolidada proporcione oportunidades de vida más equitativas a sus habitante. Como consecuencia, el uso comunitario del espacio público (no destinado solo a los desplazamientos motorizados) aumenta el grado de cohesión social dentro de la comunidad.

Las Américas, Ciudad informal consolidada

Lomas de Casa Blanca Ciudad informal consolidada

Allende de los procesos de regularización de la tenencia de la tierra, uno de los aspectos de la conformación de la ciudad informal de los que debemos reaprender a hacer ciudad reside en reconocer que la ciudad es un organismo de procesos largos y lentos de formación, sedimentación, transformación, con etapas de aceleración y estancamiento, de progreso y retroceso. La ciudad informal es la que sigue respondiendo a este ritmo paulatino, muy diferente del modelo de construcción propio de los asentamientos formales, que pretenden producir una ciudad estática y congelada, muerta durante la mayor parte del día, ignorante de e insensible a la necesaria e inevitable intervención de los habitantes.

Descubrir y rescatar el valor de la ciudad informal no significa ensalzar la irregularidad como la única o la mejor manera de hacer ciudad; tampoco implica renunciar a la planeación, al diseño urbano o a la producción formal de la vivienda. Significa reorientar estas disciplinas de acuerdo con las modalidades de producción social del hábitat, así como reforzar la idea de una planeación estratégica, que reconozca sus límites mientras acrecienta sus capacidades de orientación. Una planeación estratégica que requiere de una visión a mediano y largo plazo: aparte del modelo de ciudad (compacta, densa, difusa), una visión implica definir de manera democrática y participada qué ciudad queremos y cómo, a través de qué procesos y con cuales actores, queremos lograrla.

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