Peña Colorada

Durante muchos años, Peña Colorada ha estado en el ojo del huracán. Entre la ambición del desarrollo y su férrea defensa como un pulmón y última gran reserva ambiental de la ciudad, los jaloneos sobre el futuro de esta zona han sido objeto de la atención pública en más de una ocasión. Son muchos los intereses metidos en esta zona.
Sin embargo, pareciera que ahora se está muy cerca de finalmente lograr que a Peña Colorada se le dote de una protección ambiental a través del decreto de Área Natural Protegida. Como no estamos tan acostumbrados a ver, varias fuerzas y colores partidistas a nivel local se han unido para echar a andar ya el decreto. Sea cual sea la razón por la que les ha entrado el amor ambiental para defender esta zona, se aplaude.
Peña Colorada es vital para el futuro de la ciudad. Ubicada como un gran pulmón entre zonas de creciente desarrollo como Juriquilla, Santa Rosa Jáuregui, Chichimequillas, y desarrollos como Altozano o Zibatá, la zona que constituiría el núcleo de esta área es quizá uno de los últimos grandes resquicios de superficie vegetal e infiltración de la Zona Metropolitana.
Para quien no esté muy familiarizado con el tema, las Áreas Naturales Protegidas se crean, entre otros motivos, con la finalidad de preservar una zona que resulta valiosa desde la perspectiva ambiental, sea por su biodiversidad, sus recursos naturales y, por supuesto, por los servicios ambientales que prestan.
Este último concepto es quizá por el que Peña Colorada resulte más valiosa y por lo que es indispensable protegerla legalmente. Los servicios ambientales son, en pocas palabras, los beneficios que obtiene el hombre de los diversos ecosistemas.
Los hombres estamos inmersos en un contexto que conjunta diversos ecosistemas, los cuales se conforman por elementos físicos, químicos y biológicos de origen natural y antropogénico que, en forma individual o asociada, conforman el medio en que se desarrolla la vida.
Zonas como Peña Colorada resultan indispensables porque brindan servicios ambientales de alta relevancia, sobre todo en contextos que han sido altamente depredados por la actividad humana. Servicios como la infiltración de agua para el reabastecimiento de los mantos acuíferos, la regulación y el control de los escurrimientos pluviales para evitar inundaciones, la regulación climática o la captación de carbono son típicos de zonas vegetadas y compuestas de superficie permeable como Peña Colorada.
La insistencia con Peña Colorada no es un capricho para preservar un statu quo en el que ya no nos gusta el tráfico de la ciudad. Esta zona es mucho más que un pulmón, es también un área de regulación hidráulica y una tierra infiltrable en una selva de concreto.
Por eso, no basta la simple protección de Peña Colorada a través del programa de Ordenamiento Ecológico del municipio de Querétaro. Y si no lo creen, volteen a ver qué pasó con Jurica Poniente, un Área Natural Protegida de competencia municipal, y pregúntense cómo le fue en la administración municipal pasada. Se necesitan candados fuertes.
En Peña Colorada se juega el futuro de la razón de ser de nuestras áreas protegidas en Querétaro y, con ello, también una parte de nuestra calidad de vida.
Desde aquí, un reconocimiento a quienes están honestamente trabajando para que Peña Colorada acabe siendo un área natural protegida dentro de nuestra Zona Metropolitana.

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