¿El Tren de la Vivienda seguirá su marcha?

Hace un año escribía en este mismo  espacio que 2013 sería muy duro para las empresas vivienderas. No nos equivocamos. Desde la declaración del Presidente Peña Nieto y su frase eufemista que el tren de la vivienda “seguiría su marcha”, las empresas más grandes descarrilaron, llevándose consigo al despeñadero a toda la cadena productiva. El viraje del discurso nacional hacia la sustentabilidad en la producción del hábitat les ha causado más que una quiebra técnica (y en algunos casos muy real), una grave confusión de la que todavía no se recuperan.  

Y es que algunos creen que habrá marcha atrás, que no es en serio eso del reordenamiento territorial y de frenar la especulación del suelo alrededor de las ciudades. Creen que es cuestión de que los gobiernos se asienten para volver a negociar con ellos y retomar el paso de esa cadenita que comienza con el suelo ejidal barato y termina con bajos costos por la obra pública regalada a pie de lote. Apuestan a arreglarse con la banca y a que los suelos que tienen en bodega recuperarán su valor efectivo. Están confundidos.

2014 no será menos duro. El proceso va lento, muy lento para mi gusto, pero va en serio. Comienzan a permear las líneas del nuevo discurso urbano aunque algunos critiquen que está vacío y amenacen aconsejando que será la simiente para cosechar una soberbia crisis a mitad de sexenio, derivada del déficit de vivienda y de su ausente caudal en las economías regionales.

No dudo que la crisis está causando efectos considerables en algunas regiones –pero si Adam Smith tenía razón– la mano invisible acabará por reacomodar el modelo. La salida está en la reestructuración, por qué el dinero federal está ahí y seguirá estando. Quizá esta sea la gran oportunidad de las empresas medianas y pequeñas; esas que se pueden mover con mayor libertad; las que pueden acceder a los programas de apoyo y que no deben los suelos que ya no podrán desarrollar.

La vivienda vertical comienza a permear en el mercado de interés social, lo que es muy favorable siempre y cuando se acompañe de políticas de transporte público. Mientras tanto, los grupos ambientales se han instaurado en calidad de fieros observadores, de frente a presidentes municipales y regidores que comienzan a medirse en la aprobación cambios de uso de suelo.

Por su parte el INFONAVIT y las demás acreditadoras están atreviéndose a manejar conceptos verdes para incentivar la inversión, mientras el mercado está exigiendo cada vez más calidad constructiva y conectividad. Vamos por el camino correcto.

Pareciera que queriendo o sin querer el nuevo paradigma ve la luz al final del túnel.  Las empresas grandes tuvieron doce meses para arreglar sus finanzas y reorientar su política de reservas territoriales; doce meses para reorientar sus inversiones, arreglar sus problemas en la bolsa y deshacerse del lastre que les significaba su obesidad administrativa. Sobrepuestas a la confusión –algunas– podrán seguir su ruta; las que no, nos darán el funesto espectáculo del hundimiento del Titanic.

Y es que quizá sea este mes cuando conozcamos por fin las nuevas reglas; con ellas se espera que SEDATU desvele la directriz nacional para que las ciudades definan sus límites de expansión para los próximos 10 años y, seguramente, será el banderazo de salida para consumar la reforma constitucional en materia urbana y la emisión de la Nueva Ley General de Asentamientos Humanos o como quiera que se vaya a llamar. Urge.

Cuando esto se sepa, se sabrá quien sigue adelante y quien tendrá que bajar del tren.

 

 

 

 

 

 

 

 

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